lunes, 12 de mayo de 2008

Algunos recuerdos en el día de las madres


Tuve dos enfermedades que en mi caso resultaron algo de cuidado, la primera fue la fiebre tifoidea, que me postró en la cama del hospital casi por un mes, la complicación con mi alergia a medicamentos (la cual recién empezaba a manifestarse) la debilidad, en fin…todo eso pareció volverme tan vulnerable como una copa de cristal o una ruma de semillas de diente de león ( esas que cuando caminas por un jardín o un parque cualquiera arrancas para soplarla y hacerlas volar, con forma de motita de algodón con que los chicos jugamos) por lo menos a los ojos de mi entonces enamorado. Al poco tiempo me enfermé de brucelosis y esta fue la gota que derramó el vaso para él que se asustó tanto, sentiría que era tan fácil perderme, me vería tan vulnerable y tan frágil, ya después de la tifoidea me había propuesto matrimonio y casi teníamos fecha cuando la brucelosis hizo su aparición, me decía que no soportaría que me volviera a enfermar de nada más.

La idea de perderme lo aterraba, no es un hombre expresivo en palabras pero si lo es en gestos, nunca olvidaré esa mirada angustiada de aquellos años, sinceramente yo no entendía por que tanto temor, me sentía fuerte, cada enfermedad o problema de salud me hacía ver que mi límite de resistencia aún no había llegado, y lograba sobreponerme así que tan debilita no podía estar ¿no? ¿Serían mis 53 kilos de peso? O sería esa palidez de mi piel (así nací, es que la gente asocia pálido con enfermo y no… habemos translucidos, mapas de venas andantes, seres sin casi melanina por el mundo llenos de salud), bueno tengo que reconocer que me sentí muy mal de verdad, pero que muy mal, y en mi vida hasta ese momento me había sentido peor de salud.

Cuando retomé mi vida normal, la universidad, el enamorado, la familia, la ida en bus a la universidad en esos horrendos büsing de la ENATRU (empresa nacional de transporte urbano) con los más horrendos conductores imaginables, me topé en una de esas con una chica que me saludó efusivamente. Abrazada y besada por esta extraña que me preguntaba por mi familia, si visitaba a la madre Anita o a la madre Consuelo del colegio al que habíamos asistido. Yo me preguntaba si alguna de esas enfermedades había afectado mi memoria pero no, era la hermana de una compañera de clases de secundaria de apellido Vela, la mayor de ellas. ¡Con razón no la recordaba! No éramos de la misma promoción aunque se parecía mucho a Vela, y claro ese aire de familia que en este caso era un verdadero ventarrón, salvo por el cabello mas negro y llevarle por lo menos cinco centímetros mas de estatura a mi compañera que ya era alta (1.76 o mas en quinto año) nos contamos nuestras vidas obras y milagros, los büsing iban a paso de tortuga en las avenidas rectas y casi vacías de vehículos , o corrían hasta hacerte caer sobre el pobre que estaba sentado al frente tuyo (que ibas asido como podías del pasamanos superior o del que sobresalía del asiento, cuantas jaladas de pelo involuntarias hemos dado y recibido los de cabello largo gracias a este aditamento). Me contó de su internado médico en el hospital Loayza, y me invitó a hacerme un “chequeíto gratis”, por supuesto acepté así que al día siguiente me presenté en ayunas en emergencia del hospital. La hermana de Vela me hizo ponerme una bata de médico y me llevó al laboratorio, de allí fuimos al ecógrafo y luego al consultorio. Recordó perfectamente mis problemas de cólicos menstruales y hemorragias, ya que era la encargada de botiquín y enfermería del quinto A, lugar al que acudíamos cuando nos sentíamos mal en el cole, se asustaba con mi palidez, con los dolores intensos y claro tenía razón eso no es ni será normal ni acá ni en la china, y no tiene por que serlo. Luego quedamos que regresaría para ver los resultados otro día.

Me apersoné al hospital como habíamos quedado, obviamente como los exámenes habían sido un poco clandestinos ella tenía anotados los resultados en un cuaderno. De lo que recuerdo tenía baja la hemoglobina, quistes ováricos, hormonas haciendo lo que les pegaba su gana y sabe dios que más porque la verdad no entendí casi nada, caminábamos rápido por el hospital y poníamos cara de circunstancia si pasaba algún médico o profe de la Vela para disimular y llegamos a un consultorio con llave, lo abrió y entramos, me dio muestras médicas de lo que debería tomar, vitaminas, pastillitas y capsulitas, en la hoja del cuaderno que llevaba me hizo la prescripción, luego saliendo me dijo: Para empezar está bien, no descuides tus análisis hormonales, toma mi teléfono, creo que podrás embarazarte sin problemas.¿Embarazarme? pensé.

Muchos años después mis hormonas seguían dando problemas, de hipertiroidea pase a hipotiroidea como me explico el único endocrino que me entendió de los seis a los que acudí ya a punto de tirar la toalla, la prolactina subía hasta las nubes o sino la tiroides zapateaba un huainito, es la historia de mi vida la de lidiar con mis revolucionarias hormonas. Pero no terminé de contar que resultó del “tratamiento” de la hermana de Vela y de todo lo demás.

Mi entonces novio no formal (aún no habíamos hablado con nuestros padres) entró a trabajar al Banco Latino, me embarace y nos casamos. Queríamos casarnos en enero y nos casamos en julio, nos dimos de aros después de nuestro matrimonio civil, tuvimos nuestra luna de miel en Buenos Aires luego de años de matrimonio. Como ven la constante parece ser: sin orden ni concierto.


Así llegó a este mundo con 4.300 k y cincuenta y más centímetros (no recuerdo el tamaño pero al sacarlo del hospital en el que nació sus piernitas colgaban más allá de mi mano cuando lo cargaba sobre mi brazo derecho. Mientras esperábamos a mi marido que llegara con el auto se acercó una señora con su hija embarazada e hicimos conversación, también era primeriza, y en medio de la conversa me pregunta cuanto tiempo tiene mi hijo, mi marido que ya había llegado le dice: tienes cinco días de nacido. La sorpresa fue para nosotros al escuchar los comentarios de los que estaban alrededor: ¿Qué? ¡Si parece que tuviera un mes! Es enorme, cesárea de seguro. Les dijimos que fue parto normal y me miraron con asombro. Fue mi unico embarazo y mi unico parto, como les comenté, las hormonas seguían haciendo fiesta sin tenerme en cuenta y hasta ahora lo hacen.

Así son las cosas cuando suceden y ayer día de las madres recordé a la hermana de mi compañera de colegio.

1 comentario:

Miyita dijo...

a ver se puede o no se puede comentar? me dicen que no se puede veamos....

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